• Español
  • Français
  • English
  • Deutsch

El aeródromo de Santa Cilia, el lugar idóneo para que los jóvenes aprendan vuelo sin motor




Cinco chicos y chicas participan este mes de julio en el campamento de verano que imparte el aeródromo de Santa Cilia con el que se obtiene la licencia de planeador o de vuelo sin motor. Es un mes intensivo en el que los alumnos aprenden tanto la teoría como la práctica para ser pilotos de esta disciplina que aúna deporte, montaña, pasión por el medio natural y quizás el inicio de una carrera profesional. Una disciplina que ya se valora en muchas compañías aéreas para poder ser piloto de transporte de línea comercial y que además genera responsabilidad en los jóvenes, ya que sentirse solos en el aire al mando de un avión y con la necesidad de volver al suelo con seguridad es toda una lección de vida con solo 14 años. Es por tanto una buena opción para todos aquellos que les guste volar. Este mes de julio ya ha comenzado la formación, pero todavía queda alguna plaza disponible para el mes de agosto.

Algunos llegan a este curso habiendo volado ya, y con las ideas muy claras, como es el caso de Guillermo Pascua, de 19 años (Zaragoza). Explica que desde muy pequeño siempre ha querido ser piloto, “y la idea que llevaba era entrar en el Ejército y hacerme piloto de combate, pero como no tengo la vista perfecta me quedé fuera”. Su padre voló sin motor en Huesca “y siempre había tenido esa cosilla de querer volar y ser piloto”, añade. Así que este campamento de verano es para él el lugar ideal para comenzar. Arrancan la jornada sobre las 9.00, sacan los aviones, ellos mismos hacen las revisiones previas, se aseguran de que todo esté bien y consultan la meteorología. “Y cuando se puede volar, sacamos los aviones a la pista, nos remolcan y vamos haciendo vuelos y aprendemos”, subraya. De este campamento en el aeródromo de Santa Cilia “salimos con los mínimos vuelos y requisitos que se necesitan para tener la licencia de piloto y después, solo nos queda aprobar los exámenes oficiales, aunque para esto tenemos que esperar a tener al menos 16 años”. A Guillermo le gustaría seguir volando, ahora es estudiante de Física, pero de pequeño también quería ser astronauta, así que “ojalá se pueda cumplir en algún futuro”.

Cayetana Mur está a punto de soltarse y volar sola, sólo le queda “perfeccionar el aterrizaje”. Tiene 21 años, es de Jaca y comenzó a volar hace algo más de un año, “pero he seguido viniendo al aeródromo y este verano está siendo genial”, asegura. Le gusta volar, y aún no sabe si se dedicará al cien por cien a esto, porque también estudia Matemáticas, “pero me gustaría compaginarlo”.

También hay alumnos que previamente a acudir al campamento de verano, no habían volado nunca, como es el caso de Noah Pérez (15 años), de Madrid, por lo que esta ha sido su primera experiencia. “Normalmente la gente viene porque le gusta volar y les interesa la aviación, yo en mi caso vine porque mi padre lo vio por internet y quería que lo probase”, dice. Y le ha gustado.

Los alumnos del campamento de verano del aeródromo de Santa Cilia se alojan en Javierregay y acuden todos los días al aeródromo en bicicleta para completar su jornada formativa, tanto teórica como práctica. “Aquí cumplen los mínimos que exige aviación civil para poder examinarse y optar a la licencia de piloto, lo único que hasta los 16 años los que no los tengan no se pueden examinar, pero eso no quita para que no puedan volar solos”, explica Luis Ferreira, director gerente de Fly-Pyr Santa Cilia.

Este curso “es un buen inicio para posteriormente desarrollar una carrera profesional en el mundo de la aeronáutica,  sea dentro del pilotaje de aeronaves o también de cualquier cosa más técnica o mecánica y si no se va en esa dirección, simplemente es una actividad deportiva muy completa, además completamente respetuosa con la naturaleza por no emitir ningún tipo de residuo”, añade.

Cabe recordar que todo aquel que quiera probar previamente la experiencia de volar en un  velero lo puede hacer en el propio aeródromo de Santa Cilia, donde se pueden realizar vuelos de bautismo. Hay varias opciones: un vuelo de media hora o el de una hora, “en el que hacemos un remolque largo hasta la zona de Canfranc aproximadamente y volamos durante una hora por el Aspe, el Bisaurín, Collarada, etc, es una experiencia que no deja a nadie indiferente”, recuerda Ferreira.

Es el segundo año consecutivo que se organiza este campamento de verano, pero el aeroclub Nimbus ofrece la formación durante todo el año. “Si alguien quiere se le puede dar esa formación”, subraya Yago Alonso, Presidente del Aeroclub Nimbus, asociación deportiva con casi 50 años de vida que inició su andadura en el extinto aeródromo de Monflorite (Huesca). En cuanto al campamento de este verano, reconoce que los chavales “están muy emocionados, todos tienen mucha afición y están muy motivados”.

Submit to FacebookSubmit to Google PlusSubmit to TwitterSubmit to LinkedIn
Turismo de Aragón